Tributo a un servidor

Christian Aoun tenía 29 años, era Oficial Ayudante de la Policía Federal, lo mataron los delincuentes el 7 de agosto de 2010 en un taller mecánico de Vicente López, pcia. de Buenos Aires. En esa misma semana murieron en manos de la delincuencia otros dos jóvenes Policías Federales, Diego D’Andreis, de 23 años, y Gustavo Saucedo de 32.

Por ser amigo del padre de Christian (también Oficial Superior retirado de la Federal) concurrí al velatorio un domingo por la noche, y al cementerio de la Chacarita a la mañana siguiente. Fue muy conmovedora la cantidad de gente que concurrió y la tristeza e impotencia que todos reflejaban. No fue ésta por desgracia la primera vez que iba al velatorio de un policía muerto por delincuentes, o a la ceremonia frente al Panteón Policial en Chacarita, cargada de rituales propios de toda fuerza armada o de seguridad. Pero esta vez lo viví de otra manera, puede ser porque conozco al padre de Christian, o porque están matando chicos inocentes que podrían ser mis hijos, o porque a veces uno siente que hay casos que deberían ser un punto de inflexión. Como éste, o como el del bebé Isidro que murió a los 7 días de vida, nacido de urgencia en la misma semana, porque su madre embarazada fue baleada en una salidera de banco.

Christian se había casado en 2009 con Verónica (me enteré de su nombre en el cementerio). Verónica es desde ahora viuda; entendámonos bien, estoy hablando de una viuda que no debe tener más de 25 o 26 años. No necesité ponerme a pensar qué estaría sintiendo esa chica mientras le entregaban doblada la bandera nacional que cubría el féretro de su marido. Ella se paró, y con entereza fue al micrófono y nos lo contó a todos los que estábamos en el cementerio. Leyó en el medio del llanto un papel que sin duda había escrito ella misma. Entre las frases que me acuerdo dijo, … que el sol no salga, vacíen el mar, apaguen las estrellas, él está muerto….pensé que el amor era para toda la vida, pero me equivoqué.

Después intenté volver a mi trabajo, a mis cosas, a todo lo que nos ocupa y aturde día a día, pero fue inútil, era imposible olvidarse de las escenas de dolor, de familias destrozadas de gente muy joven, y de los sueños estrellados de Verónica. Entonces me di cuenta que podía hacer algo importante por ellos, podía contar lo que viví estos dos días, por lo menos para que quede escrito y alguien lo pueda leer y acordarse con orgullo de toda esta gente. Un tributo.

Ricardo Sáenz

7 Comentarios

  • Hace más o menos 4 meses viví lo mismo. Aunque no era policía, sí era un joven con la vida por delante.Un tiro en el pecho lo mató. No pude escribir nada. Su familia, que está destrozada (y que es también la mía)se encerró en su dolor. Hubiera escrito algo muy parecido.Lástima que la discusión parece que va por otro lado y en ella, se nos va la vida.

  • Entiendo lo que sentís, no se puede vivir la muerte de gente joven como si no pasara nada. Es contra natura. La violencia de estos delincuentes va en aumento y esto no es una sensación, porque las víctimas tienen nombre, apellido, hijos, padres, amigos. Es una pesadilla, siempre estar dando gracias cuando nuestros hijos llegan a casa sin daños o cuando les hurtaron un celular o la billetera sin violencia. Hasta cuando??. Es dificil vivir en este estado de indefensión. No se a quien le corresponde si al ejecutivo, al judicial o al legislativo o a todos pero por favor hagan algo.

  • Yo tambien soy policía. Y como Cristian, salgo todos los días a trabajar, sabiendo que un día de estos, puede ser el último.

    Algunos lo llaman “riesgo de la profesión”, pero si no se aborda el tema y se buscan soluciones, creo que se convierte en desidia de los funcionarios responsables.

    Agradezco que un Fiscal se haga un minuto para pensar en lo que vivió en el funeral, y entienda, al menos de lejos, a la familia policial.

    Esperemos que esto cambie, que dejemos de ser números en las estadísticas y una bandera doblada a nuestras esposas.

  • Mi padre, un Comisario de la Policía Federal (r),que trabajó junto al joven policía asesinado, inetntó por todos los medios posibles evitar que yo siguiera sus pasos, conmigo lo logró más no pudo con mi hermano, quien hoy es Principal de la fuerza. Recuerdo que muchas veces le pregunté porqué no quería que fuera policía y el me respondía con su frase de cabecera: “es muy ingrato en este país serlo”. Lo entendí con el transcurso del tiempo. Hoy, a mis 33 años y recibido de abogado, lamentablemente le tengo que dar la razón. Cómo explicarlo, fácil, muy fácil. No es que sea ingrato ser policía, el tema estaba en una palabrita que se halla en el medio de su frase: “país”… “en este país”….donde las autoridades ejecutivas se ocupan de técnicos de fútbol. Excelente artículo Ricardo.

  • Qué tristeza, qué impotencia. Pobres de todos nosotros.

  • Sres, quien no ha sufrido de la prepotencia de algun policia, pero… cuantos mas valen los gentiles y que hacen de su trabajo ( lease vocacion ) un servicio, creo realmente que la cara de perros que ponen la mayoria no es mas que una coraza devenida de esta nueva sociedad con falsos valores de derechos humanos que lo unico que permiten es dar mas impunidad a los delincuentes, sin duda mi tributo a este pibe ( si pibe, porque cuando se sacaba el uniforme seguro le gustava jugar un picadito y comerce un asado con amigos), respetos a su familia.

  • Gracias por tus palabras, la nena “Verito” la llamo asi desde hace mucho, es mi nuera, ella no pudo ni siquiera pararse, todavia recuerdo como si fuera hoy, que se resistia a tomar esa bandera, ya que eso representaba a Christian muerto, tantas veces vimos esa escena en los noticieros!!! Y cuando tuvimos que vivirla nosotros era como ver una pelicula. La otra nena de 26 años que lee el poema que aca te dejo, es la hermana de Chris, Florencia… Nuevamente gracias… Sigo en algun rincon de mi envejecida alma, esperando que me devuelvan a mi hijo…

    Paren todos los relojes, corten el teléfono
    Eviten que el perro ladre dándole un hueso jugoso
    Silencien los pianos y, con un sonido suave
    Traigan el ataúd, dejen venir a los deudos

    Permitan a los aviones dar círculos en lo alto
    Escribiendo en el cielo el mensaje: él está muerto
    Coloquen crespones alrededor de los cuellos blancos de los servidores públicos
    Permitan usar guantes negros de algodón a los policías.

    Él era mi norte, mi sur, mi este y mi oeste
    Mi semana de trabajo y mi domingo de descanso,
    Mi mediodía, mi medianoche, mi conversación, mi canción;
    Pensé que el amor duraría para siempre: me equivoqué.

    Ahora no se necesitan las estrellas sáquelas todas;
    Llévense la luna y desmantelen el sol;
    Vacíen el océano y limpien el fondo;
    Pues nada, ahora podrá ser como antes.

Deje una respuesta