Apocalípticos e Integrados

Este libro de Umberto Eco se publicó hace 45 años (siglos en términos de tecnología) y causó un gran revuelo. Aceptando el riesgo de tergiversar en muchos aspectos el mensaje de Eco, se puede decir que los “apocalípticos” eran los que tenían una posición conservadora y desconfiada de los medios masivos de comunicación, los que venían a degradar la cultura y los valores imperantes; mientras que los “integrados” creían en que esas herramientas formaban parte de la cultura y contribuían a su difusión generalizada, aceptando el progreso tecnológico con una actitud optimista.

Creo que algo parecido viene ocurriendo, en parte, en nuestra época con el avance de las tecnologías de la información y las comunicaciones, el desarrollo sostenido y vertiginoso de internet y, sobre todo, de las redes sociales.

Nací en 1960 en una casa en la que no había teléfono; lo habremos conseguido cuando tenía unos 12 años y todavía me acuerdo que a mi hermana mayor sus amigas (y novios) la llamaban a la casa de nuestra vecina (doña Angélica) que sí lo tenía. ¿Cómo explicarle hoy a alguien de 25/30 años que en 1986 compré un departamento con Plan Megatel, que consistía en pagar en cuotas la línea de teléfono para que la pusieran no sabíamos cuando?.

No voy a abrumar con datos que no interesan demasiado. Redondeando fechas, conocí y usé por primera vez una computadora a los 27 años, internet, junto con el correo electrónico y el teléfono celular (el ladrillo de Movicom!!) a los 35, y las redes sociales unos dos años atrás, o incluso menos. Un verdadero inmigrante digital, sin ningún pasaporte (#soytanviejo).

Con este panorama se puede entender que haya sido durante años más un “apocalíptico” que un “integrado”. Hoy me doy cuenta que me dediqué a estudiar los Delitos Informáticos hace algo más de 10 años, cuando ya era Fiscal, para integrarme a este movimiento, no sin grandes dificultades para entender las cuestiones técnicas de este nuevo mundo.

Todo este relato me sirve de introducción para contar mi experiencia con las nuevas redes, especialmente con Twitter. Me acerqué con algunas prevenciones, prejuicios diría más claramente. Empecé a twitear sin entender muy bien de qué se trataba, cómo uno podía dialogar y vincularse con gente que no conocía, contar pensamientos “al aire” para que los leyeran los seguidores, cómo evitar malos entendidos (que los tuve), y todo eso usando sólo 140 caracteres!

Además, estaban presentes los conocimientos que tengo sobre los riesgos a los que la gente se expone frente a los delincuentes, especialmente los chicos, al brindar en la red datos sobre su vida personal, sus hábitos, su nivel económico, etc. Quiero decir, que tenía prejuicios personales, por así decir, y profesionales, los del Fiscal.

Pero en el pasado fin de semana pude entender que los twiteros podemos integrarnos en persona sin esos riesgos. Estuve por primera vez en dos reuniones que se hacen periódicamente, #54bares, donde la excusa de la reunión de amigos de Twitter es visitar bares emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires (bien por Laura, quiero decir @p0nja), y #DELM (Domingos En La Mañana), donde la reunión tuvo muy buenas exposiciones sobre seguridad informática, entre café y medialunas. El tercer hecho que marcó mi decidido optimismo fue el impecable comentario “Twitter: Ser o No Ser”, que escribió una twitera vieja (que obviamente no es vieja), Cristina Pérez @Cris_telefe, y que recomiendo a todos los apocalípticos de Twitter (pueden leerla clickeando aquí).

En conclusión, creo ahora que hay que acercarse a las cosas nuevas sin tanta desconfianza, con una actitud optimista de búsqueda, sin preconceptos, con la firme creencia de que algo bueno podemos obtener, desde un entretenimiento creativo hasta una amistad verdadera. Sin ir más lejos, como se vinculan con la tecnología los nativos digitales, que no saben nada del apocalipsis.

Ricardo Sáenz

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